Muertes cruzadas

*Abdel Padilla

Dicen que sólo la vida misma puede revirar para cobrar revancha, y el efecto es más fuerte si se trata de un evento trágico. Coincidencia o no, sinos funestos y hasta fatales han alcanzado a quienes estuvieron implicados –directa o indirectamente– en la muerte de Marcelo Quiroga. En algunos casos como consecuencia natural y judicial de sus actos y en otros… por ese andar inevitable que algunos llaman destino.

La siguiente es una relación forzada, aunque con base en hechos reales y, en algunos casos documentados, sin que medie de parte nuestra ningún juicio ni valoración más que la ubicación de dos hechos en el tiempo no necesariamente conectados. Como fuere, las coincidencias son al menos sorprendentes.

Tres nombres de peso están relacionados con el asesinato del líder del PS1, dos por su participación directa en los hechos que desencadenaron la toma de la sede de la COB el 17 de julio de 1980 y el consiguiente homicidio de Marcelo, y uno por alusión permanente. Los dos primeros son Luis García Meza y Luis Arce Gómez, expresidente de facto y ministro del Interior (Gobierno), ambos condenados a 30 años de prisión, y el tercero es Hugo Banzer, expresidente inculpado en más de una oportunidad por García Meza como el autor intelectual de la muerte de Quiroga Santa Cruz, principal impulsor de un juicio de responsabilidades por el que Banzer debería responder ante cargos como “traición a la patria”. El juicio fue sepultado junto a Marcelo, Banzer fue nuevamente Presidente, esta vez constitucional, entre 1997 y 2001, y murió luego de una larga agonía provocada por un cáncer en mayo de 2002.

Esto es lo que se sabe sobre el destino de los tres hombres más influentes en el poder político en la Bolivia de 1980. Las que no son muy conocidas son las historias de sus subordinados y gente allegada, algunos a cargo del trabajo sucio.

Uno de ellos es el suboficial de la Naval Alfredo Ríos, uno de los responsables del cuidado de los líderes confinados de la COB en el campo de concentración en Puerto Cavinas (norte paceño), y testigo –como él mismo habría relatado luego– del traslado del cuerpo aún con vida de Marcelo al Estado Mayor, donde le cortaron la lengua. El dato corresponde a Cayetano Llobet, amigo íntimo de Marcelo y uno de los confinados a este campo de concentración.

El periodista Carlos Soria Galvarro cuenta en su libro Vista al Mar cómo acabó sus días este militar. “A fines de ese año (1982) había sido detenido por sus propios camaradas de armas bajo la acusación de pasar secretos y bagajes militares a un partido de izquierda. Según denuncia de sus familiares y de los organismos de Derechos Humanos, había sido salvajemente torturado, incluso atravesado con ganchos metálicos y colgado como una res, hasta morir. Uno más de los casos que la justicia militar nunca ha esclarecido ni sancionado”.

El viernes 18 de julio, según relata el propio García Meza, el cuerpo de Marcelo fue trasladado a Mallasilla, aunque no por órdenes suyas –asegura–  sino de Banzer, ahí le echaron gasolina e intentaron quemarlo.

Según el biógrafo de Quiroga Santa Cruz, Hugo Rodas, los encargados de trasladar el cadáver fueron dos paramilitares de confianza de Arce Gómez: Fernando “Mosca” Monroy y Alex Pacheco.

Hasta entonces lo que se sabía del “Mosca” Monroy podía resumirse en un intenso prontuario con delitos que iban desde robo, narcotráfico y asesinato. A partir del 17 de julio, el cartel que lo acompañó hasta el día de su muerte fue de “paramilitar, mano derecha de Arce Gómez”.

De hecho, fue él quien lo liberó de la prisión para asaltar el Palacio presidencial, la radio Fides y la sede de la COB el 17 de julio, día del golpe.

Su muerte fue trágica como su vida: acribillado en su propia casa en Santa Cruz el 18 de junio de 1982, aunque hay quien asegura que murió de mano propia jugando ruleta rusa.

Respecto a Alex Pacheco, fue apresado el 2006 en el Perú, acusado por narcotráfico, actividad a la que se dedicaba desde 1975, bajo el cobijo de Arce Gómez.

La revista peruana Caretas relata así su detención: “La cereza que coronó el blanco pastel fue la captura del boliviano Alejandro Fernando Pacheco Sotomayor (72), ‘Don Alex’, en un taller de la avenida Meiggs Nº 260, en la urbanización Miramar, en Chimbote. ‘Don Alex’ era el otro capo de la banda. Durante años había sido intensamente buscado en su país. Hasta ahora nadie sabía dónde operaba”.

En Bolivia no es muy conocida la historia de “Don Alex”, al menos no tanto como la de su hijo: Luis Amado Pacheco, alias “Barbaschocas”, detenido en 1995 cuando las autoridades antidrogas interceptaron en el aeropuerto de Lima un avión con matrícula boliviana cargado con cuatro toneladas de cocaína. “Barbaschocas” era el cabecilla de la banda que traficaba el cargamento. Fue condenado en La Paz a 24 años de prisión.

Al cumplir la mitad de su condena, Luis Amado Pacheco obtuvo su libertad condicional y su vida discurría casi con normalidad hasta que en 2012 fue hallado muerto en su domicilio de la zona paceña de Irpavi. Las investigaciones forenses determinaron que había fallecido al menos 48 horas antes de que encontraran su cadáver. El cuerpo tenía las manos quemadas y el cráneo fracturado. La hipótesis que las autoridades de la Fuerza Especial de Lucha contra el Crimen de la zona Sur dieron al periódico La Razón aquel día fue que “Barbaschocas” se electrocutó al hacer una reparación doméstica y que tras la descarga cayó golpeándose el parietal derecho, lo que le ocasionó una muerte “casi” instantánea.

Otro nombre vinculado al golpe militar del 80 y a la muerte de Marcelo es José Abraham Baptista, que de confirmarse una de las hipótesis del paradero de los restos del líder socialista, habría sido uno de los enterradores o sepultureros de Quiroga Santa Cruz en la hacienda El Potrero, en San Javier (Santa Cruz).

Baptista, como perfila a detalle una crónica del diario español El País de abril de 1981, estuvo directamente vinculado al golpe de julio de 1980 y a sus preparativos. “José Abraham Baptista fue el encargado de recoger el dinero de los traficantes, días antes del golpe, para pagar a los comandantes de tropas militares y a agentes paramilitares, además de otros posibles participantes”, refiere el reportaje firmado por Monique Leclere y François Fallareau.

Baptista habría sido el elegido, junto a otras tres personas, para formar parte de la comitiva que trasladaría el cuerpo de Quiroga Santa Cruz, luego de que éste fuera hallado chamuscado en Mallasilla y trasladado a la morgue del Hospital de Clínicas, hacia una de las haciendas de Banzer en San Javier, donde enterrarían los restos.

Un año después, el 3 de septiembre, García Meza, ordenó el retiro de Baptista del Ejército, “previa revisión de sus antecedentes”, como consigna el reporte de El País. “El 6 de octubre de ese año, Baptista fue asesinado a tiros por dos hombres cuando salía de una pizzería en la ciudad de Santa Cruz. Las balas, según se probó, procedían de pistolas automáticas como las utilizadas por el Ejército. Los asesinos –uno de ellos José Palanca Cuéllar– usaron un vehículo proporcionado por Roberto Suárez-Gómez. El dinero con que se pagó la operación fue proporcionado por el general Hugo Echeverría, quien, de acuerdo con una fuente allegada a los traficantes de drogas, recibió órdenes personales de Arce Gómez para eliminar a Baptista”.

Las otras tres personas que habrían estado en el entierro de Marcelo fueron: Banzer, Arce Gómez y el exprefecto cruceño Widen Razuk, a quien pertenecía el avión.

Sobre él y su hermano, el reporte de abril de 1981 de El País refiere lo siguiente: “Los hermanos Widen y Miguel Razuk, dos acaudalados terratenientes… se convirtieron en tres de los más importantes productores y traficantes en Bolivia. De acuerdo con los archivos de la DEA y declaraciones de personas allegadas a ellos, su negocio fue posible por sus conexiones políticas y militares, que les brindaron protección contra las autoridades policiales que trabajaban en el control del tráfico de drogas”.

A Widen Razuck lo secuestraron en 1984 y desde entonces no se sabe nada de él. Hoy, Luis García Meza, desde su cama en el Hospital Militar, en La Paz, piensa que “los narcos colombianos con los que trabajaba lo charcutearon”. La versión de García Meza también circula desde hace años en Santa Cruz como un rumor: se dice que luego de traicionar la fe de sus socios colombianos en el negocio del narcotráfico, Razuk fue secuestrado del centro cruceño. Sus captores le habrían cortado los brazos, la lengua y arrancado los ojos para luego devolverlo a sus familiares.

La versión de la familia, recogida en el libro Desaparecido : Widen Razuk Abrene, escrito por Luis Urey Saucedo, relata el secuestro, pero sostiene que nunca más se supo del exprefecto de Banzer.

*Abdel Padilla es periodista

 

 

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